Pareja enamorados 1

El amor no sólo se da y se recibe, el amor necesita ser trabajado, construido, fortalecido y protegido.

Toda relación pasará por sus altos y bajos, pero para que el amor perdure ha de tener dedicación diaria, esfuerzo por ambas partes, aceptación del uno y el otro, arrepentimiento, perdón y saber ceder de vez en cuando. El amor es bellísimo, pero requiere de trabajo, como todo lo bueno.

Es maravilloso sentir amor, sentir las cosquillas que invaden el alma, dilatan  las pupilas y conmueve  hasta nuestras células. El amor trae una sensación de bienestar que nos hace sonreír porque sí, sin ningún motivo aparente, y nos emociona con los más pequeños detalles…

Pero la rutina hace de bruja rompecuentos, transformando lo bueno en malo. Es como el tiempo que devora a la princesa mientras espera ser rescatada, el  tiempo que convierte en calabazas los sueños de cenicienta, y el tiempo que desvela que bajo la máscara de príncipe guapo hay realmente un sapo cualquiera.  Así de destructor es la rutina con el amor.

Hoy en día, la solución inmediata es el divorcio, la separación, o el tiempo. Parece que cuando una pareja tiene problemas, la única forma de solucionarlos es evadiéndolos  y evitándolos. En otros tiempos las parejas al tener menos recursos legales para poner fin a sus compromisos matrimoniales, tendían a buscar más alternativas para reencontrarse. Hoy en la cultura exprés en la que vivimos, si algo no funciona: adiós.

No es fácil mantener viva la llama del amor en una relación. Pero no por ello deberíamos abandonar el barco a la primera tormenta. De recurrentes abandonos, la vida se llena de recuerdos, y de vacíos.

El amor es mágico, pero requiere ser construido cada día con el esfuerzo de cada parte, afrontando los errores cometidos, con la justicia de la aceptación y con la bondad del arrepentimiento.

Sabemos que no somos ángeles, que es de humanos cometer errores, entonces ¿para qué salir huyendo? ¿Para qué abandonar sueños?

Una relación exitosa es aquella en la que los miembros se escuchan el uno al otro, en la que juegan en equipo, pero sobre todo, aquella en la que hay disposición a admitir que no siempre se tiene la razón. ¿Qué es la razón? Si no más que creer tener la verdad de los hechos, y de los hechos solo tenemos una mirada. La nuestra, la particular, la personal, la que sólo podemos tener por ser quienes somos.

Cuando alguien te de la razón, devuélvela, no es la razón lo que nos hace más sabios, sino la emoción de vivir con honestidad emocional cada día. Ese permiso que te das de enojarte, de reír, de amar, de estar triste. El amor es una fuerza inagotable que nos nutre cada día al respirar. Pero para respirar necesitamos estar vivos. Y para amar, urge despertarnos.

Cruzita

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